En este vídeo hablamos de cachorros que muerden manos, brazos, pantalones, muebles o cualquier cosa que se mueve. Aunque puede resultar molesto, la mordida forma parte del desarrollo normal del cachorro: explora el mundo con la boca, juega mordiendo y durante el cambio de dentición necesita aliviar molestias en las encías.
El objetivo no es impedir que el cachorro utilice la boca, sino enseñarle qué puede morder, cuándo puede hacerlo y con qué intensidad. Para ello es importante controlar el entorno, retirar objetos peligrosos y ofrecer juguetes y mordedores seguros, resistentes y adecuados a su tamaño. Si muerde algo que no debe, debemos actuar con calma, retirar el objeto y redirigirlo hacia una alternativa apropiada.
También debemos entender que muchos cachorros muerden durante el juego porque así se relacionan con otros perros: se persiguen, se empujan, se agarran y se muerden. Si jugamos con nuestras manos, dedos o pies, le estamos enseñando que nuestro cuerpo forma parte del juego. Por eso conviene utilizar juguetes que separen su boca de nuestras manos, como pelotas con cuerda, mordedores o mangas.
La mordida no debe apagarse sin más, porque puede convertirse en una motivación muy útil para el entrenamiento. Lo importante es ponerla bajo control: enseñar cuándo empieza el juego, cuándo termina, qué objetos puede morder y cuándo debe soltar o relajarse.
Muchos cachorros también muerden más cuando están sobreexcitados. Después de jugar demasiado, recibir visitas, salir a la calle o acumular estímulos, pueden empezar a correr, saltar, perseguir pies o morder ropa. En esos momentos no siempre necesitan más actividad; muchas veces necesitan bajar revoluciones y descansar.
Por eso debemos alternar juego, paseo y entrenamiento con momentos de calma. El cachorro debe aprender a activarse, jugar, morder y perseguir, pero también a soltar, esperar y relajarse. Una buena educación no elimina sus conductas naturales: las canaliza y les da un contexto adecuado.


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